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Televisión Basura: el oficio más antiguo del mundo (de la televisión)

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  • Por: Mariza Rios, Directora de Calidad Educativa de Toulouse Lautrec.

     

    Actualmente todos vivimos muchos cambios, con características particulares que implica replantear la forma de ver y valorar las acciones:

  • Sergio Nouvel, miembro del comité consultivo de la carrera de Diseño y Desarrollo de Medios Digitales, escribe acerca de la transición del diseño tradicional al User Experience, dado el contexto de la revolución digital.

     

  • Hernán Polo, docente de Publicidad y Publicidad y Marketing Digital.

    "Yo no creo mucho en la suerte, pero debo decir que he tenido la fortuna de que la labor de Publicista a mí me cayó a pelo"

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Televisión Basura: el oficio más antiguo del mundo (de la televisión)

Televisión Basura: el oficio más antiguo del mundo (de la televisión)

Por: Luis Felipe Alvarado, director del área de Comunicaciones de Toulouse Lautrec.

Luis Felipe Alvarado, director del área de Comunicaciones, reflexiona acerca de esta problemática tan comentada en los últimos tiempos.

 

La máxima que reza: “Todo tiempo pasado fue mejor”, no calza con la actualidad de la programación televisiva. Las críticas al modelo de producción y a sus propuestas, han estado siempre presentes. “Lo que le gusta a la gente”, enerva las posiciones que reclaman una televisión más “educativa” y “cultural”, mientras que el mismo se convierte en el referente de productores y broadcasters.

En mi época de estudiante leí alguna vez una crítica “ilustrada” acerca de “Plaza Sésamo. En ella se aseguraba, que tras el contenido educativo de la propuesta, se escondían vulgares intereses comerciales. Esto en tanto que los colores básicos empleados en el programa, (en los muñecos y en las escenografías), sumados a los textos cortos y reiterativos de los guiones, eran un calco de la narrativa publicitaria. ¿Con qué propósito? Preparar a los niños para convertirse en los consumidores del futuro. Era principios de los ochentas, y esta solo una muestra de todo lo que se decía sobre la “caja boba”.

Durante el primer gobierno de Alan García, y tras su intento de estatizar la banca, los dueños de los canales pensaron que los siguientes serían ellos. Los broadcasters reaccionaron creando un pool de programación vespertina al que bautizaron “La Ofensiva Cultural”, con la intención de contener los ímpetus estatistas del entonces joven mandatario. García no tocó a las televisoras, pero el rating de la programación de la tarde (en la que antes primaba telenovelas y programas infantiles), calló considerablemente ante la decisión de “culturizar” sus contenidos. Hoy en día tenemos una televisión “secuestrada” por los realities de diferentes tipos: de chicos con cuerpos anabolizados en competencias físicas, que generan escándalos sentimentales falsos (o reales), que tienen eco en otros programas de chismes de mediodía, de media tarde y media noche.

Realities de canto e imitación en donde la conducción de los mismos es su mejor atributo; o programas de concurso en los que escolares deben comer insectos para ganar un viaje de promoción. La “nadería” en cuanto a contenidos, llega vestida de gala al “prime time” sabatino, con una Magaly Medina (la inventora del “maleteo” y los ampays), en modo talk show con personajes de “Chollywood” y sus decantes historias. Por tanto el reclamo por la falta de contenidos y el reclamo de quienes demandan una mejor Televisión, no es nuevo. Pero tal vez nunca como antes, la calidad de las producciones locales, se han vestido con lo último en cuanto a tecnología, pero ha dejado de lado la creatividad de las propuestas.

La problemática no es simple de analizar. Para empezar no se puede dejar de lado el carácter comercial de la Televisión, y su función primordial: entretener. Segundo, no está en los canales privados la obligación de ofrecer “cultura” y “educación” (per sé, todos los programas tienen ambos componentes como inherentes); la dificultad radica más en la creatividad de los formatos y sus propuestas, que en el reduccionismo fácil de decir “si no educa, no es bueno”. Tercero, la competencia del cable y del internet, ofrece mucho más variedad para que el espectador elija qué ver. Por tanto es libre de armar su propia programación y eventualmente crearla él mismo. Muchos jóvenes eligen seguir a “youtubers” y otros personajes que subsisten en una realidad que apenas si se asoma para gente de más de treinta años.

El tema, insisto, es complejo. Y se vuelve injusto cuando productores y actores enfilan sus baterías contra los guionistas (o la inexistencia de ellos), como la respuesta a esta crisis. Muchas veces he escuchado y leído que en este país no hay guionistas y mucho menos, buenos. Algo con lo que evidentemente estoy en total desacuerdo y en una próxima entrega, haré mi propio descargo sobre el particular.

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